• Noviembre 29, 2021

El amateurismo no da para más

La demanda de las cuatro exjugadoras de Everton viene a sentar un precedente en el fútbol femenino en Chile. Porque todos buscamos, al final, lo mismo: dignidad.

Una demanda histórica para un momento histórico en el fútbol jugado por mujeres en Chile. Cuatro ex jugadoras de Everton demandaron al club por reconocimiento de relación laboral y vulneración de derechos. ¿Esto qué significa? Que a través de una serie de pruebas piden que se les reconozca como trabajadoras y que, a su vez, se respeten sus derechos a la igualdad y no discriminación y el derecho a la libertad de trabajo.

Es sabido que en Chile los torneos de Primera División y de Primera B no son profesionales. Las futbolistas, además de dedicarse al deporte, trabajan y estudian. Se les exige rendimiento, compromiso y un sinfín de requerimientos para poder representar a sus clubes. De vuelta reciben el orgullo de representar la camiseta de su club, como si no necesitaran más.

Excepciones hay; Colo-Colo y Santiago Morning tienen a su plantel completo contratado, le siguen Universidad de Chile, Palestino y Fernández Vial con entre 4 y 10 contratos. Los demás, es decir, Universidad Católica, Audax Italiano, Deportes Antofagasta, Deportes Temuco, Deportes La Serena, Cobresal, Deportes Puerto Montt, Santiago Wanderers, Deportes Iquique, Universidad de Concepción y Everton, tienen 0 contratos.

¿Cómo es esto posible? Amparados en que el fútbol femenino para la ANFP se categoriza en la misma línea del Fútbol Joven, y en que no es profesional para las autoridades del deporte, es lo que permite que mujeres jueguen y sus empleadores no tengan obligaciones. Esto ha sido así siempre, la historia empezó a cambiar el 2019 cuando aparecieron los primeros contratos y el compromiso de solo algunos, por voluntad.

Como si fuera poco lo anterior, existe también un mercado de pases regulado por la ANFP que limita su movilidad y poder de elección libre. Para que una jugadora cambie de club, el que la recibe debe pagar por el pase. Esto se instauró como una manera de retribuir derechos de formación al club que contó con los servicios de la jugadora que migra. El problema está cuando no se hace de mutuo acuerdo; como en el caso de Everton, que despidió a la jugadora pero no le entregó el pase para que tenga libertad de acción y decisión de dónde seguir desarrollando su labor.

¿Cómo leer esto?

Un club despide a una jugadora sin indemnización por años de servicio. Y, además, le pide pagar su propio pase para que pueda jugar en otro equipo, cuando apenas le entregaste indumentaria y la cancha de atrás para que pudiera entrenar. Porque de sueldo y beneficios nada. Mi pregunta es ¿son trabajadoras o no? Parece ser que para algunas cosas sí lo son, como para cobrar por su pase, pero para otras no tanto, como para contratarlas. Un precedente.

La demanda viene a revolver todo lo que hemos visto hasta hoy, porque busca escapar de la voluntad de los clubes y ponerle formalidad a un trabajo que pide profesionalización.

A todos nos gusta ver a la selección compitiendo en el nivel más alto, y por lo mismo, debemos recordar que el semillero principal de la Roja proviene del torneo nacional. Chile es un país que está al debe con la formación de deportistas de alto rendimiento en general. ¿Cómo seguimos nutriendo una selección de élite si se les sigue negando formación y además negando que se dediquen al deporte como actividad principal? ¿Cómo les exigimos resultados si no les damos condiciones óptimas?

El precedente de las cuatro

Esta demanda llega a marcar un precedente para todos. Un remezón de realidad y cordura al sin sentido que es pretender sostener un trabajo sobre la romantización de la precariedad laboral. “Defender mis colores a toda costa” no puede seguir ocurriendo en un país que se define como futbolizado.

Esto va más allá de un contrato de trabajo y la seguridad social que esto le entrega a un empleado. Apela a que se vienen vulnerando derechos y que tanto los clubes, la ANFP como la inspección del trabajo no pueden seguir haciéndose los locos.

Si se acoge esta demanda para las cuatro exjugadoras de Everton ¿qué nos dice que no podrían todas las demás tomar las mismas acciones? Claro que podrían, es más, deberían hacerlo. Este camino lo están comenzando cuatro futbolistas que se cansaron de los malos tratos. Mientras tanto, los hinchas esperamos impacientes que ese camino le sirva tanto a ellas como a las que vienen detrás. Porque todos buscamos, al final, lo mismo: dignidad.

Foto: Everton

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Carla Andrade

DIRECTORA | Ingeniera Comercial de profesión, feminista en formación y activista por el desarrollo del fútbol jugado por mujeres dentro y fuera de la cancha en Revista FutFem y Contragolpe.

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